La soledad acompañada

Cada vez son más las personas que sufren las consecuencias de tener una vida virtual muy activa. Es inevitable preguntarse en qué momento las nuevas tecnologías dejan de  ser un instrumento de ayuda y complemento para convertirse en algo más.

A continuación os dejo una pequeña reflexión al respecto.

Algo en mi interior no encaja...

No sé que me pasa últimamente, cada vez que me encuentro solo tiendo a coger el móvil y  comienzo a escudriñar las redes sociales.

Cada vez que dispongo de un momento para recuperar el equilibrio lo desecho convirtiéndome en el espectador de la vida de otras personas o publicando fotos propias en las que aparezco haciendo mil cosas.

Esta reciente manía se ha convertido casi en un acto reflejo, empiezo a creer que no puedo controlarlo. Mis manos buscan ansiosamente un móvil como si fuese un salvavidas en mitad de un océano que me inspira pánico… mi soledad.

Siento que estoy siendo arrastrado por una corriente de la que ni quiero, ni me siento con fuerzas para salir.   Mientras me lleva, no sé a donde, puedo juzgar sin riesgos la vida de los demás…mientras me arrastra entre publicaciones y perfiles obtengo el aprecio de personas que se asoman para ver que es lo que he hecho últimamente.

Cada “me gusta” se ha convertido en una necesidad, cada comentario en una herramienta para completar una autoestima que ha aprendido a alimentarse exclusivamente de la opinión y refuerzo de los demás.

Y aunque permanentemente acompañado, al menos virtualmente, jamás me he sentido más vacío. Empiezo a pensar que es posible que haya utilizado esta corriente de refuerzos y ánimos para huir de una soledad que antes era mi amiga y que, aunque dura a veces, me ayudaba a definirme como persona y a crecer desde dentro.  Creo que esta soledad acompañada no es más que una excusa para huir de mi, un pretexto para avanzar por un camino fácil en el que no necesito decidir lo que realmente siento, pienso y quiero hacer con mi vida.

Extraño entre mis propios pensamientos, escapo de una soledad que antes era mi amiga y confidente y, ahora me plantea un escenario de introspección que me asusta y me preocupa. Enganchado a un mundo virtual donde no tengo necesidad de hacerme preguntas, me he convertido en un escaparate viviente, en adicto a una soledad acompañada en la que puedo limitarme a vivir y a valorar mi vida según los índices de audiencia.

Creo que llegó el momento recuperar el equilibrio perdido.

Tiempo para dejar el móvil en el cajón y salir a caminar.

Tiempo para observar con pausa y silencio cada paso con una mirada interior cargada de esperanza.

Tiempo para, al menos de vez en cuando, levantar la cabeza y abandonar esta soledad acompañada que vicia mis sentidos y anula la voluntad de mi ser.

Tiempo para tallar un palo, leer un libro o simplemente sentarme frente al mar y tragar pausadamente mientras clavo mi vista en el horizonte sin pretensión alguna.

Hoy abandono esta soledad acompañada…

¡He quedado conmigo!

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